Por Elio A. Villaseñor

Director de Puente Ciudadano, A.C.

En esta cuarentena nuestro entorno de convivencia ha cambiado. Ya no salimos temprano para tomar nuestro autobús para llegar a nuestra escuela; las clases las tomamos a través de una pantalla y nuestro contacto con nuestros maestros o amigos (as) lo tenemos de manera virtual. El “ambiente” formado dentro del salón de clases y la convivencia en el patio de la escuela, en los laboratorios o en la cafetería no existe por el momento. Eso que era tan común en nuestra rutina se ha vuelto un recuerdo.

Nuestras rutinas dieron un giro de 180 grados. El confinamiento nos encierra en un entorno de cuatro paredes y nos obliga a formar una relación más estrecha entre nosotros, la tecnología y nuestros compañeros y maestros. Los tiempos actuales han sido marcados por la inteligencia artificial.

Este entorno nos ha dado motivos de aprendizaje y aprovechamiento para sacar adelante nuestros compromisos escolares. También, hemos requerido creatividad para replantearnos nuestros proyectos de vida. La vida virtual llegó para quedarse y cada día se va extiendo en las nuevas formas para hacer nuestro trabajo y para interactuar con nuestros seres queridos a través de la gran red.

Frente a esta nueva realidad, que permanecerá aún después de la pandemia, los grandes desafíos humanos nos plantean las siguientes interrogantes; ¿Cómo podemos mantener la presencia de los afectos en la comunicación virtual?  ¿Cómo vislumbramos nuestra vida en la convivencia social virtual? ¿Cómo seguir siendo constructores de nosotros mismos y seguir siendo interactivos para sumar esfuerzos comunes aprovechando lo virtual? Podemos empezar a buscar las respuestas desde ahora, generando espacios de encuentro con las personas más cercanas a nosotros para tener respuestas colectivas. La nueva realidad no la marcará la era de la cibernética si no la entendemos desde la interacción y el aprovechamiento humano. Tenemos la oportunidad de convertir la pandemia en una sacudida de los hábitos conformistas de manera que podamos sacar lo mejor de nosotros. Nos permite imaginar una nueva etapa formada por personas con calidad humana.

La Red digital ha sido aprovechada como plataforma de comunicación, pero también como una herramienta básica para poder seguir dictando y tomando clases ante la pandemia. Las Tecnologías de la Comunicación e Información (TICs), han resultado en grandes aliados para los maestros como facilitadores del conocimiento, y de los estudiantes como constructores de su propio aprendizaje.

La nueva etapa debe tener un objetivo común: que seamos constructores de nuestro entorno para un futuro con mejores ciudadanos (as).

Por Pilar Salazar y Sindy Carteño

Puente Ciudadano A.C.

Sin duda alguna, la pandemia nos ha confrontado con un sin número de situaciones que creíamos bajo nuestro control. Sin embargo, bien dicen por ahí, nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido. El obligado alejamiento temporal del espacio público, es una de las medidas preventivas que más nos ha costado sobrellevar a lo largo de esta contingencia.

Algunos extrañan sus paseos por el parque, andar las calles, la escuela, el trabajo, reunirse con familiares y amigos, jugar, caminar, correr y, en general, compartir con los otros. Para cubrir una u otra necesidad, nos hemos visto obligados a echar mano sobre todo de las tecnologías. Encontramos en ellas la forma para, aún desde la virtualidad, no perder esos espacios físicos y simbólicos donde se teje la vida social.

Las tecnologías representan para los que nos encontramos lejos de nuestros seres amados y de nuestras tierras, las herramientas que impiden que nos desconectemos de esas realidades que están a miles de kilómetros de nosotras. Como bien lo señala la presentación de éste número, en el mundo entero hemos encontrado en las TICs nuestra tabla salvadora. Al mudar las clases presenciales a aulas en línea, y al encontrar en las videollamadas nuestras nuevas salas de reunión, estamos entrando a nuevas lógicas de comunicación, de organización y de cooperación.

Aunque para algunos es realmente algo nuevo, para el programa Jóvenes Promesas ha sido algo con lo que se ha enfrentado desde sus comienzos. Nuestros jóvenes han echado mano de todas las herramientas digitales a su alcance, para continuar y fortalecer esas emocionalidades y afectividades con sus familias, amigos y sus países.

En el caso de los equipos que acompañamos los procesos, durante los dos años de existencia del programa, hemos tenido que aprender a mantenernos en contacto entre nosotros, a dar los mensajes indicados con las palabras adecuadas y en los tiempos y plataformas correctas. En este sentido, el movimiento hacia modos digitales de comunicación no ha representado una situación nueva sino una en constante resolución.  Sin embargo, aquello que sí ha representado una novedad, es el tener que fomentar y propiciar encuentros en el mundo digital. ¿Cómo abordamos la experiencia de la cooperación de manera remota? ¿Cómo trabajamos en equipos y en red cuando estamos todos encerrados en nuestras casas? ¿Cómo generamos experiencias compartidas, profundas y significativas a distancia?

Estos tres meses han puesto a prueba nuestra creatividad: hemos sostenido algunas asambleas con los jóvenes: siempre es grato verlos de buen ánimo. Además, hemos compartido reuniones de planeación y de propuestas con ellos. Es aquí donde notamos que existe una brecha tecnológica interesante. Si bien, nuestras generaciones han crecido en una marabunta de cambios tecnológicos y virtuales a los cuales nos hemos tenido que adaptar, la relación con la tecnología de las generaciones de los dosmiles se impone: notamos que tienen protocolos de participación bien entendidos, que les permiten hacerse escuchar con voz y personalidad. En esta interacción virtual, incluso descubrimos el uso de distintos botones y herramientas dentro de las plataformas que, de no ser por ellos, no habríamos adivinado su uso, ni los hubiéramos puesto en práctica.

Un reto interesante ha sido ejecutar los talleres. Antes de la pandemia, estos espacios han representado para el proyecto el lugar donde se da la interacción y cercanía entre nosotros. Todos inician con un abrazo de bienvenida conforme van llegando. Ponemos café, alguien más sirve las galletas, palomitas o cualquier otro chunche. Las bromas y los juegos entre intervenciones son comunes y nos alegran el alma.

En lo virtual, iniciamos, no con abrazos, sino comentando nuestros sentires. Agradecemos el compartir y comenzamos la acción. La cámara y el micrófono muchas veces impone. La participación total no siempre es posible por temas de conectividad o equipo. Sin embargo, hacemos lo que podemos. Las bromas son un poco más difíciles en este formato, a veces hay mucho ruido en micrófono y otras, total silencio. El principal reto sigue siendo, cómo conectamos sin los abrazos, cómo no desconectarnos de la realidad o realidades que, de ninguna manera pusieron pausa a su trayecto. Temas como la pobreza, la movilidad humana, la violencia de género, el racismo y la discriminación, el maltrato animal, la brutalidad policíaca y una inminente catástrofe ambiental, siguen estando ahí presentes, escondidas tras la cortina mediática que ha formado la actual contingencia. El reto sigue siendo, seguir formando a los jóvenes como ciudadanos del mundo, empáticos y actores de éste.

 

 

 

Por Josselyn Graciela Ramírez Palma

Joven Promesa

La cuarentena ha sido un imprevisto que nos ha tomado por sorpresa a todos, nos tomó por sorpresa en aspectos como: la escuela, nuestras salidas cotidianas o nuestras actividades extraescolares. Al principio creíamos que esto acabaría rápido, que solo duraría unas cuantas semanas y volveríamos a la normalidad. Han pasado casi tres meses desde que salimos de la escuela sin retorno definido, desde que nos notificaron que las clases ya no serían presenciales y se empezó a buscar soluciones y alternativas para no dejar a mitad nuestro ciclo escolar.

Gracias a nuestra globalización y modernidad, ahora contamos con las tecnologías que se han convertido en una herramienta indispensable para no desconectarte completamente de la realidad o de lo que sucede a tu alrededor, nos han permitido el enlace y comunicación entre las personas. Vincularnos a nuestras obligaciones dependiendo únicamente de las tecnologías fue nuevo para todos, cabe mencionar que en nuestras escuelas ya utilizábamos este tipo de tecnologías, pero no todo el tiempo, y esto ha representado un cambio radical, incluso para nosotros como informáticos.

Al principio fue un poco complicado, ya que a pesar de las tecnologías con las que se cuentan en la escuela, no existía una plataforma que supliera las necesidades para poder impartir clases en línea. Aún así, la solución de la escuela no se hizo esperar. Se tomaron como herramientas principales aplicaciones de la paquetería de Microsoft Office, que nos han permitido el trabajo y la comunicación constante. Al empezar a trabajar de este modo, nos surgían dudas, ya que estas aplicaciones no estaban dentro de nuestros conocimientos por lo que tuvimos que aprender a manejarlas y utilizarlas, de tal forma que esto no nos impidiera concluir nuestras responsabilidades estudiantiles.

Hemos tenido la oportunidad de ser autodidactas en muchos aspectos, desde manejar una aplicación hasta aprender a programar con herramientas con las que se cuenta en casa, las escuelas no dejarán de lado este nuevo mundo de las tecnologías, sabemos que se implementarán nuevos métodos y alternativas educativas que conocimos gracias a esta "nueva normalidad".

Por Mario Adolfo Tejada Calderón

Joven Promesa 

Si alguien me hubiera dicho al empezar este semestre que lo terminaría recibiendo clases tras una pantalla y con un par de audífonos probablemente le hubiera dicho: amigo relájate, estás pensando cosas muy extrañas jajaja.

Fue extraño despedirse de los amigos y maestros un viernes y encerrarnos en casita hasta nuevo aviso. Al principio de las clases en línea había mucha confusión puesto que al estar acostumbrados a la interacción y a la convivencia, en ocasiones quedaban algunos vacíos en los temas que me impartían, por lo que fue difícil asimilarlos completamente.

 

Tanto maestros como alumnos nos embarcamos en esta aventura para la cual nadie estaba preparado. En ella descubríamos de cuando en cuando una herramienta para trabajar o un icono para usar, luego, las preguntas y dudas como ¿Dónde debo subir mi tarea? ¿Cómo le hago para compartirles la presentación? o ¿Dónde debo apuntar mis avances de la clase? no dejaban de repetirse entre los compañeros, pero poco a poco aprendimos a defendernos en este entorno y sobre todo a colaborar unos con otros.

 

Esta dinámica de clases en línea me ha enseñado que siempre podemos volver a aprender, y lo hicimos. Aprendimos a sustituir un cuaderno por un bloc de notas virtual, un cartel por una presentación en power point u otra app, una simple ponencia en un video que en lugar de tomar unos minutos para estudiar tomaría horas de edición, repeticiones de la grabación del audio hasta que el señor de los tamales no se escuche al fondo, entre otras cosas.

 

Más allá de la adaptación de un entorno presencial a uno virtual, las clases en línea me han hecho recurrir a otro tipo de aprendizajes en esta misma dinámica, como utilizar distintos portales de investigación, métodos eficientes para hacer mis tareas o plataformas de aprendizaje de cursos gratis. También, me ha ayudado a encontrar contenido valioso en redes sociales y me ha sorprendido la manera en la que algunas de ellas son utilizadas para dar servicios de aprendizaje completamente gratis; es increíble la cantidad de personas que enseñan en videos cortos en tik tok o las sugerencias de libros con links de descarga gratuita en facebook e incluso los grupos de whatsapp.

 

La virtualidad nunca podrá sustituir las interrelaciones humanas, pero si puede complementarlas y sí que puede usarse como un entorno de aprendizaje. A lo mejor en otras circunstancias hubiese sido menos estresante y pesado, pero lo importante es que hemos aprendido a llevar el ritmo y aprovechar de manera productiva todas las plataformas que hemos usado.

 

Esto nos recuerda que todo puede ser útil siempre y cuando aprendamos a manejarlo y que si no sabemos hacer algo o utilizar una herramienta (jeje por poner un ejemplo) siempre habrá alguien que sí, y no hay nada de malo en pedir ayuda o ayudar a otros, de esa manera es como la unión sigue haciendo la fuerza, aunque tengamos que estar físicamente separados.

 

 

Por Familia Abrego Núñez

Familia de origen

Hola somos la familia de origen de Ana Sofia Abrego Nuñez y queremos compartirles un poco sobre de cómo ha sido la experiencia y la ayuda que nos ha dado la tecnología durante estos años y estos tiempos difíciles para poder comunicarnos con ella. Ha venido a ser muy importante en nuestras vidas estas herramientas tecnológicas, ya que con la variación de aplicaciones que ofrece internet tenemos comunicación constante. Esto nos permite sentirnos cerca de ella, brindándole nuestro amor, apoyo, comprensión, consejos y muchísimo cariño, haciéndole sentir que le echamos mucho de menos pero que siempre queremos lo mejor para ella.

 

Las aplicaciones que más usamos son WhatsApp, Facebook, Messenger. A veces los obstáculos a los que nos enfrentamos para comunicarnos con ella tienen que ver con el pago del internet, ya que a veces no lo podemos pagar en la fecha prevista, más en estos tiempos de emergencia ya que se hace difícil la movilización. Sin embargo, siempre estamos en comunicación fluida de manera que nuestra relación de familia sigue siendo la mejor, contando siempre con nuestro apoyo en todo momento de su vida.

 

Para nosotros en cada espacio de familia es súper importante hacerla sentir que está cerca y que es parte de cada momento especial. Por ejemplo, para los cumpleaños de algunos de nosotros, siempre desde temprano le estamos diciendo qué vamos hacer y a qué hora. También le hacemos video llamada para cantar las canciones de cumpleaños, incluso para tomarnos fotos juntos, y luego enviárselas a ella para poder publicarlas. De esta manera buscamos la menara de estar cerca y disfrutar en familia.

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