Por Elio A. Villaseñor

Director de Puente Ciudadano, A.C.

La experiencia de la participación de los Jóvenes Promesa en el foro de Voces Migrantes: Visibilización y Acción desde la Polifonía de la Movilidad Humana, el pasado 23 y 24 de enero en la Universidad Iberoamericana Puebla, es un gran alimento para ampliar sus imaginarios como sujetos del programa de cooperación educativa.

 

La participación de los jóvenes inició semanas antes del foro, con la preparación de su intervención dentro de los distintos paneles por país. Pudieron discutir temas relevantes al contexto regional y también compartir testimonios relacionados con sus salidas del país de origen  y sus experiencias de su integración a nivel escolar, familiar y la vida cotidiana en México. La riqueza de este foro consistió en descubrir semejanzas con otros testimonios de personas que han migrado compartiendo sus cambios y aprendizajes, y en que pudieron compartir y observar desde la mirada de los académicos y los suyos datos relacionados con los procesos de migración.

 

Este foro implicó una plataforma para empezar a generar conciencia de su participación en el programa para ser líderes llevando a cabo acciones sencillas del día a día, pero también elaborando proyectos pensados en la ciudadanía en general. Fuimos testigos de algunas expresiones como “salimos de un hoyo para empezar a subir una escalera,” ellos saben que muestran con su ejemplo a su familia y amigos que pueden salir adelante. La actitud de nuestros Jóvenes Promesa es de salir de su zona de confort y, con las herramientas adquiridas y aprendizajes, emprender proyectos acompañados de sus aliados tanto aquí como allá. Este foro marca el inicio de una nueva etapa de construcción de los jóvenes como actores del proyecto.

Amaranta Cornejo

Coordinadora de la Maestría en Comunicación

y Cambio Social IBERO Puebla

 

En diciembre de 2019 Pilar Salazar y Sindy Carteño llegaron a mi oficina para proponerme realizar un foro sobre migración, específicamente sobre la experiencia migratoria de lxs jóvenes del programa Jóvenes Promesas. La visita de esa tarde decembrina dio forma de manera muy concreta a una inquietud que meses antes Pilar me había compartido sobre un espacio de encuentro con lxs jóvenes centroamericanxs. Ante el conocido compromiso profesional y social de Pilar y Sindy me contagié de su entusiasmo, así comenzamos el trabajo en equipo. En plena dinámica de cierre escolar y administrativo de año ellas presentaron una propuesta de programa, con temáticas que humanizaban y daban cuenta de la diversidad de experiencias en torno a procesos migratorios.

Llegó el fin de año, y con ello las vacaciones. Nos “desconectamos” para descansar. Para el primer día de labores Pilar y Sindy tenían confirmadas a las personas que participarían. Por parte de la universidad estaba confirmada la participación del rector, el Mtro. Mario Patrón. Los directores de Investigación y Posgrado y del Departamento de Humanidades nos apoyaron aprobando fondos que hicieran posible el Foro. Todas las personas involucradas en este proceso administrativo trabajamos con entusiasmo.

De forma paralela, Pilar, Sindy y lxs doce Jóvenes promesas trabajaron durante días y tardes decidiendo sobre qué hablarían, buscando la información necesaria y dando forma a sus palabras. Al mismo tiempo se organizaron en comisiones, y cada unx adoptó una responsabilidad para los días del Foro, es decir, se apropiaron de él desde esa madurez que conlleva el decir sí.

El día primer día del evento cada una, cada uno llegó con sus sonrisas, sus nervios y una templanza admirables. Escucharon atentxs y compartieron con generosidad sus experiencias. Para quienes habitamos el mundo académico fue una oportunidad enriquecedora conocer y dialogar de forma tan fresca con jóvenes que se asumen como actores de cambio. Gracias Pilar, Sindy, Sofía, Ángel, Cristian, Himmy, Jairo, Yojan,  Joss, Katia, Mario, Marjorie, Lusvin y Antoni por esta oportunidad; sus palabras, miradas, gestos y entonación de voz se quedan impregnadas en las paredes de la universidad y en nuestro sentipensar.

Pilar Salazar

Puente Ciudadano A.C.

Este foro tuvo como meta principal lograr un espacio de diálogo entre distintos actores que en su vida han tenido que dejar su lugar de origen para estudiar, trabajar o iniciar una nueva vida en familia. Así, a través de testimonios y análisis de la experiencia, de cifras y de políticas entre países, la compartición se fue construyendo en una reflexión conjunta: la movilidad humana es un hecho inherente en el proceso humano, es un derecho y trae consigo muchísimas ventajas, pero también retos. 

Tras arduas sesiones de trabajo, los jóvenes investigaron, crearon cuadros comparativos, observaron, detectaron datos e información relevante y lo transformaron en algunas interpretaciones y análisis muy interesantes. Ellos discuten respecto a los obstáculos que limitan su acceso a la educación en sus países, los problemas de interculturalidad a los que se enfrentan al tener que reconfigurar la noción del tiempo y el espacio y se reconocen a ellos mismos como los puentes entre las sociedades de la región.

El logro más grande es escucharlos, seguros de sí mismos, construyendo desde la experiencia y construyendo nuevas maneras de leer y vivir la realidad. Ellos son conocedores de otros procesos políticos, sociales e históricos y los reconocemos por eso.

Ana Sofía Abrego Núñez, Cristian Anael Morales Trochez y

Yojan Gamaliel Urbina Bueso,

Jóvenes Promesa

 

La educación en la república de Honduras, es un derecho reconocido en su Constitución de 1982, emitido mediante el Decreto No. 131 de la Asamblea Nacional Constituyente. Sin embargo, existen una serie de factores que imposibilitan que este derecho sea efectivo para muchos hondureños. Aunque los problemas de educación siempre han estado presente en el país, en los últimos cuatro años, los índices de personas que han desertado de la vida escolar han ido en aumento. Creemos que hay una relación de este fenómeno con el ambiente político de los últimos años. Específicamente en el marco del proceso electoral del 2017-18, el cual estuvo envuelto en una serie de irregularidades ya que se reportaron fallos en el sistema de conteo de votos y un corte de luz antes de comunicar al ganador de la elección, lo que generó desconfianza en muchos de los ciudadanos, ya que consideraban que el proceso no había sido transparente y dudaban de la autenticidad de los resultados.

La gente salió a las calles a manifestarse. Hubo represiones y casi una guerra civil, con muertos y paros en todo el país. Se decretaron toques de queda y toda esta situación estuvo latente hasta diciembre del año 2018. Además, el gasolinazo y el alza de precios en la canasta básica, provocaron nuevas huelgas y la suspensión de clases en algunas escuelas. Una gran cantidad de personas perdieron sus ingresos y trabajos. Como consecuencia, a finales del año 2018, se intensifican los movimientos migratorios, dando paso a una nueva manera de cruzar las fronteras: las caravanas. Las personas salieron del país buscando tener una vida mejor. En este marco, muchos de los jóvenes han abandonado sus estudios con la finalidad de migrar a Estados Unidos, con la esperanza de poder ayudar a su familia y brindarle apoyo económico; sin importar los diferentes peligros a los que se enfrentan en el camino, como pueden ser las pandillas, el crimen organizado y el narcotráfico, además de poder ser atrapados por la autoridad, retornándolos a sus respectivos hogares.  

Sin duda, el tema de las caravanas es muy importante de mirar y analizar, mirarlo, sin embargo, también creemos que no es el único al que ha que voltear a ver. Pensamos que poco se ha reflexionado en torno a los que nos quedamos en el país. ¿Qué pasa con nosotros los jóvenes? ¿Qué posibilidades de una vida digna tenemos en nuestro país? Y el tema que queremos profundizar aquí ¿Qué implicaciones tienen las violencias en la educación?

Se estima que Honduras es uno de los países más violentos. Las cifras oficiales mencionan que entre los años 2000 y 2019 alrededor de 86,085 personas perdieron la vida violentamente en el país. Esta violencia ha impactado la vida cotidiana de nosotros los hondureños, al no tener la libertad de hacer lo que uno quisiera, lo que a uno le gusta, al no poder convivir o compartir con otros jóvenes por el temor de estar en el lugar equivocado, con las personas equivocadas. Además de todo esto, las violencias también nos privan de nuestro derecho a la educación, puesto que aun cuando existe una oferta educativa en el país, ésta no se puede aprovechar pues no hay condiciones, pues los grupos criminales imposibilitan aún más el acceso a la educación. No sabemos si estamos más seguros encerrados en casa o en el colegio. Los centros educativos se encuentran cooptados por la delincuencia y las pandillas, en algunos los maestros, los alumnos y el personal administrativo, se ven amenazado por personas que se encuentran en pandillas. Los centros, se han convertido en los espacios donde los miembros delas pandillas realizan labores de reclutamiento, vigilancia e inteligencia y promueven la venta de drogas.

Como respuesta,  en abril 2018 la Secretaría de Seguridad anunció que: ‘‘frente a la escalada de violencia en centros educativos, las secretarías de Seguridad, Educación y Derechos Humanos intervendrían los centros escolares para darles protección a los alumnos y docentes, que en los últimos días han recibido amenazas por grupos que pertenecen a pandillas’’. Sin embargo, muchos pensamos que esa no es la solución a la problemática aquí planteada. Más bien, se tendría que estar pensando en una estrategia transversal en la que participe el Gobierno, a través de la Secretaría de Educación y la Secretaría de Seguridad Pública, la Asociación de Maestros, Organismos Internacionales, las Universidades y la Sociedad Civil.

Llegamos a esta conclusión ya que al hacer una investigación sobre la inversión en la educación en el país, encontramos que es uno de los países de Centroamérica que más presupuesto destina a la educación, sin embargo a la luz de los datos aquí presentados, resulta evidente que destinar más dinero, no es proporcional a una mejora en las condiciones necesarias para poder acceder a este derecho. Sería necesario entonces invertir en seguridad, así como repensar los marcos legales y políticas públicas en materia de educación, ya que estos no están construidos o pensados para atender las necesidades que se dan en un contexto de violencia.

El contexto que se vive actualmente, más allá de negarnos nuestro derecho a la educación y oportunidades de trabajo, nos está negando nuestro derecho a vivir en paz, a compartir y convivir con otros jóvenes y seres queridos. Además, el temor y la inseguridad, fracturan nuestras redes de socialización, nos aísla y nos roba la posibilidad de vernos como una comunidad.

A partir de lo reflexionado hasta ahora, creemos que el programa Jóvenes Promesa ha representado una alternativa para los jóvenes como nosotros, que creemos en la posibilidad de salir adelante a través de la educación y el fortalecimiento de cooperación regional en Centroamérica. Ya que, además de brindarnos la posibilidad de concluir nuestros estudios a nivel bachillerato, estamos conociendo otra cultura, otras perspectivas y miradas a partir de las cuales estar en el mundo.

Sin embargo, también consideramos que se debe trabajar en las problemáticas de fondo, para mejorar la calidad educativa por un lado, y por otro, generar ambientes seguros que permitan un buen desarrollo personal y social, ya que no todos los jóvenes van a poder salir del país en un programa de cooperación educativa como este.

Himmy Fulgencio Omar Mejía Chic, Angel Daniel Avila Arriaza,

Jairo Benjamín Gómez Ortíz y Lusvin Noé García Alvizures

Jóvenes Promesa

Hace un año y medio que salmos de nuestros hogares hacia lo desconocido. Nos aventuramos a un lugar nuevo, sin conocimientos sobre él, excepto las ideas que teníamos a partir de lo que la gente decía y hablaba sobre México. Nos dimos cuenta de que todo es muy diferente a lo que conocíamos, a lo que conocemos. Estamos en una gran ciudad, Puebla. El ambiente no es el mismo, los amaneceres son diferentes, en nuestros lugares de origen despertábamos con el canto de aves silvestres y la sensación de las mañanas húmedas entre la niebla de los árboles, ahora todo es diferente.

Mirar hacia al cielo, ver hacia el Oeste y mirar como el sol se asoma lentamente por las montañas e ir en compañía de él durante nuestros quehaceres del día y, al final de la jornada, verlo ocultarse tras los volcanes. Es realmente un espectáculo maravilloso. Al recordarlo, te das cuenta que extrañas tu lugar de origen. Este, es el momento en que empiezas a apreciar mucho más esos pequeños detalles de la naturaleza. Al inicio es muy difícil tener únicamente recuerdos y pensar que un día estuviste allí y tuviste la oportunidad de contemplar todo eso que ahora no puedes ver más que en tu imaginación.

Esos recuerdos que son parte de nuestra infancia, al lado de seres queridos, familia, amigos, de pronto solo son recuerdos, qué difícil es eso, qué difícil es llegar a un nuevo lugar lejos de tu casa, de tu familia, y rehacer tu vida. Qué difícil es contar con la fuerza necesaria para relacionarte con nuevas personas y generar nuevas amistades, confiar en las personas que no conoces, pero que poco a poco ellas se van abriendo hacia ti para que no te sientas solo y excluido, sino más bien, te sientas como en casa, como muchas de las personas responsables de darnos la bienvenida a México lograron hacer.

 

Nos dieron su confianza y eso es algo vital para un extranjero, sentir que las personas locales confía en ti, sentir que ellas creen que tú puedes salir adelante, le ayuda a uno a salir con mucha más energía en tu día a día. Es desde ese punto en donde te animas a enfrentarte con la realidad, intentar nuevas cosas, aventurarte a lo desconocido, empezar a disfrutar su gastronomía, conocer su cultura, involucrarte en sus grupos sociales y empezar a ser parte de ellos. Para muchos ha sido muy difícil dejar su familia, sin embargo, también estamos rodeados de personas increíbles, de personas que decidieron abrir sus hogares a un joven extraño, le dieron la confianza para ingresar a su hogar y tratarlo como a un hijo más. Eso te hace sentir nuevamente en casa. El camino es como una montaña rusa, a veces hay momentos de frustración, alegría, felicidad, tristeza, o momentos para llorar. Pero todos y cada uno de ellos te generan experiencia para ser más fuertes, para estar mejor preparados para salir de nuestra zona de confort. La respuesta está en cada uno de nosotros, no hay nada escrito, nosotros somos quienes forjamos nuestro propio destino y somos quienes decidimos quedarnos atrás o convertirnos en líderes positivos que, en un futuro, puedan ayudar a su nación, a nuestra nación.

 

El mundo actual se torna complejo, difícil peligroso de vivir, pero el hecho de que nosotros compartamos nuestras experiencias con otras personas nos fortalece y lo más importante de toda esta experiencia es saber que nadie está solo las regiones de México, Guatemala, El Salvador y Honduras. Saber que podemos unirnos para poder afrontar este reto de la vida. Por eso queremos invitarlos a que demostremos que somos como una familia, tenemos diferentes costumbres, diferentes pensamientos, diferentes vidas, pero compartimos una cosa, lo más importante: todos somos humanos.

Ana Marjorie Martínez Mejía, Josselyn Graciela Ramirez Palma,

Katya María Rivera Juárez y Mario Adolfo Tejada Calderón,

Jóvenes Promesa

Desde que las Repúblicas latinoamericanas se independizaron de España, la región mesoamericana ha estado en constante relación, como ha sido el caso entre El Salvador y México. Actualmente existe un lazo de colaboración bilateral entre ambos países, que ha puesto en marcha programas de desarrollo, dando un aporte significativo a la población de ambas regiones. El 21 de junio de 2019, en Chiapas, tuvo lugar la firma de un acuerdo entre México y El Salvador en dónde se aprobó un plan de desarrollo para disminuir la migración de Centroamérica hacia los Estados Unidos.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, explicó que para resolver el problema de la migración indocumentada es necesario invertir en programas de desarrollo y, reiteró su postura de que México tiene que ser solidario con todos los pueblos del mundo y respetar los derechos humanos de las y los migrantes. Según el presidente, la justicia está por encima de las fronteras, por lo que también piensa extender el programa hacia Honduras y Guatemala.

A partir de nuestra experiencia, al ser parte del proyecto de Cooperación Educativa Jóvenes Promesas, creemos que se han cambiado las narrativas migratorias de cada joven, ya que los comentarios previos al proyecto eran en mayor parte negativos, haciendo énfasis a la situación social de México; reflejándose en advertencias, miedos y recomendaciones acerca de vivir en un país distinto y las formas de adaptarse a él.

Posterior a nuestra llegada, la imagen que nos habíamos planteado cambió al paso del tiempo y experiencias vividas, al tiempo que nos dimos cuenta de la percepción de los mexicanos sobre nuestros países de origen. Muchos al enterarse de nuestro origen, buscan conocer más de nuestra cultura. Otros, sacan a conversación los problemas que nuestros países atraviesan actualmente, como los problemas políticos y sociales que afectan a la comunidad salvadoreña.

Otro aspecto que nos pareció interesante, es que en general cuando las personas al conocen la razón por la que migramos, cambian su postura hacia la migración, ya que su percepción, en su gran mayoría está focalizada en que los migrantes buscan de alguna manera insertarse en el campo laboral. Pero al conocer la razón de nuestra llegada a México esta percepción cambia, puesto que lo miran como una buena oportunidad de ayudar a los jóvenes a construir un futuro mejor. Además, esta idea se ha creado en ambos países en nuestros círculos cercanos, donde se incentiva a las demás personas a seguir beneficiando a los jóvenes en temas académicos para así tener un efecto positivo en la comunidad.

 

Con el Proyecto Cooperativo Regional Educativo Jóvenes Promesas, los mexicanos nos han demostrado una vez más que están al pendiente de la juventud y niñez centroamericana, nos han abierto sus puertas brindándonos apoyo y oportunidades únicas, nos enseñan que aun están aquí para extendernos la mano amiga y ayudarnos. 

Sofía Gutiérrez

Fe y Alegría Guatemala

El programa Jóvenes Promesas ha significado una propuesta de oportunidades de cooperación entre familias, organizaciones y gobiernos, con el fin de construir puentes para generar mejores oportunidades en la vida de jóvenes centroamericanos. El impacto del proyecto se visibiliza desde primer momento, ya que no solo ha logrado cambiar la visión, pensamiento y actitud en la vida de los jóvenes sino también les ha permitido adquirir diversas habilidades desde el deporte, el arte, la ciencia, entre otros, que han adquirido a lo largo de su estancia en México. Además, este programa les ha dado mayor claridad en sus planes de vida y las oportunidades de desarrollo tanto en sus países de origen como en México.

 

Nos da mucha emoción cuando preguntamos a las familias de origen, lo que piensan sobre el proyecto:

“Agradezco a Dios y a las personas que se ha comprometido con el proyecto. Mi hijo ahora tiene una expectativa de su futuro mucho más amplia, jamás me imagine que el pudiera cruzar una frontera de la manera que se le fue abierta la puerta. Para mí esto es una gran bendición yo sé que esto va a influir no solo en su futuro si no en su presente pues está viviendo cosas que jamás nos imaginamos. Yo podría decir que hago la invitación a las personas que nos quieran apoyar en este proyecto, no solo para mi hijo sino para todos los jóvenes que están involucrados en este proyecto que, así como fue un cambio de vida para él, así también para muchos. Creyendo y confiando que las promesas que se dan en la vida de estos jóvenes son una semilla que tarde o temprano va a dar un fruto, va a florecer, no solo para el país que los tienen de acogida si no para nuestro país que es su país de origen.” Sandra Arriaza, madre de Ángel. Guatemala.

 

“Para nuestra familia, el proyecto Jóvenes Promesas ha sido una parte importante en nuestras vidas, que nos llena más de fuerza y amor, porque está formando una vida diferente para nuestro hijo. Ha sido una oportunidad de crecimiento, pues ha superado muchas pruebas, pero él está con mucha alegría y con mucho entusiasmo de seguir adelante y cumplir sus sueños. Damos gracias a Dios por las personas que están promoviendo este proyecto, esperando que siga creciendo para el bien de nuestros jóvenes en Guatemala, Honduras, y El Salvador” Arnulfo García, Padre de Lusvin.

 

El programa sin duda, ha permitido forjar lazos de amistad, cooperación y agradecimiento, en el que todos los esfuerzos permiten sembrar grandes oportunidades en la vida de los jóvenes para que tengan una vida digna.

Foro voces migrantes

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