Por Elio A. Villaseñor

Director de Puente Ciudadano, A.C.

El COVID-19 ha cambiado de la noche a la mañana las rutinas y formas de organizar nuestras vidas en lo cotidiano, como nuestras clases y nuestros lazos afectivos. La pandemia es una realidad que camina en todos los lugares del planeta creando un ambiente de miedo e incertidumbre desde el primer semestre de este año. Sin embargo, se ha convertido ya en parte de nuestras vidas y estamos aprendiendo a convivir con ella.

Esto apunta claramente a un cambio de época y nos exige construir un imaginario en el que predomine un cambio de actitud, pero que también serán importantes la creatividad y la tenacidad. Estos son ingredientes que contribuirán a ponerle un valor agregado a lo que queremos ser y nos permitirá dar pasos hacia una convivencia más humana.

Estamos presenciando el surgimiento de una nueva generación humana, pues varias cosas del pasado no serán las mismas ni parece que el futuro vaya a ser mejor. Los especialistas advierten que las personas entre 15 y 24 años serán más golpeadas que el resto de la población por la crisis económica derivada de la pandemia de coronavirus actual. Muchos ya la denominan la Generación COVID o la Generación Cuarentena.

Esta generación tiene delante grandes retos que podrá enfrentar fortaleciendo sus capacidades para abrirse a la renovación y poniendo en marcha planes de vida que responden a las urgencias de hoy, pero con la visión del mañana. Uno de los grandes desafíos será aceptar que las cosas no seguirán siendo iguales, esta aceptación es difícil, pero debe asumirse para no quedarnos atrapados en la añoranza de un pasado que más vale no repetir.

En esta generación, cuyo nacimiento estamos presenciando, los jóvenes están invitados a ser protagonistas, a abrir los nuevos caminos para superar los temas pendientes como la discriminación, la violencia y desigualdad social. Interesa también reconocer que no existe una sola forma de ser joven. Las expresiones de la juventud son diversas, el término debería ser plural para referirnos a las juventudes y sus manifestaciones, que esperamos aporten y participen en la creación de un mundo más tolerante, inclusivo y solidario.  

La Generación del COVID-19 tiene la oportunidad de marcar el inicio de una sociedad basada en la consciencia de que nadie sale adelante en solitario: tenemos que aprender a sumar esfuerzos, a solucionar nuestras diferencias escuchando y recogiendo las mejores propuestas para el bien común. 

¡Bienvenidos a la construcción de la generación COVID-19!

Por Ana Sofía Abrego Nuñez

Joven Promesa Honduras

El COVID nos ha traído situaciones difíciles en muchos sentidos. Hemos tenido que hacer cosas que no nos gustan, como estar encerrados en nuestras casas. Nuestras rutinas se han modificado. La nueva normalidad, que implica, entre otras cosas, recibir clases en línea, al principio resultaba complicado. Aún lo es, aunque toda situación difícil nos deja aprendizajes, nos debe dejar algo bueno.

A manera de ejemplo, reflexiono el caso de las personas mayores, que en tiempos antes de COVID no tenían mucha relación o contacto con las tecnologías de información, o la manera en la que se relacionaban con ellas era muy superficial. A partir de esta coyuntura las personas mayores han tenido que acercarse a ellas. Un poco orillados por la situación, tienen la oportunidad de aprender a manejarlas y familiarizarse con éstas para aprovecharla ahora y en el futuro.

Entre los distintos problemas que puedo notar, pienso que uno de los más importantes implica a las relaciones sociales, la sana distancia nos ha alejado físicamente de las personas. Al no poder convivir, nos alejamos un poco. Es un problema porque pienso que es difícil ponerse en las situaciones de los demás cuando uno no convive con los demás. Las relaciones interpersonales se ven afectadas por la falta de empatía y de cercanía emocional y, por ende, hay una repercusión en lo social.

Al no tener contacto físico con las personas, podemos estar excluyendo a algunos grupos o no consideramos algunos comportamientos como peligrosos, ya que dejamos de prestar atención. Los números en violencia, por ejemplo, se han incrementado tanto en lo físico como en lo virtual. Desde los aparatos electrónicos, los usuarios se sienten vulnerables algunos y empoderados otros, pues, el bullying digital ha tomado fuerza. Aunque algunos no lo consideren violencia, pienso que debe ser considerado como tal, porque afectan profundamente a quienes son molestados bajo la máscara del anonimato o de la impersonalidad.

Otro hecho interesante que me ha sucedido relacionado con la nostalgia del contacto físico, tiene que ver con la sensación de olvido de los amigos. Cuando yo iba a la escuela, por ejemplo, tenía contacto físico con mis compañeras. Siento que este aislamiento nos dificulta expresar de manera correcta lo que sentimos o pensamos estando a distancia. A veces me siento triste cuando noto que no me han escrito o me han contactado, ya sea en clase o en tiempos de descanso. Me hace sentir que las personas se olvidaron de mí, aunque no necesariamente sea así, probablemente están ocupadas en otras cosas, eso no quiere decir que yo no sea importante para ellas.

Algunos maestros han tenido problemas porque en mi salón nadie abre cámaras durante la clase. Ese hecho, podría hacer suponer a los profesores que no les estamos poniendo atención y nosotros, los compañeros, pensamos igual. Se pierde el sentido de compartir en clase si no existe esa sensación de diálogo, esa sensación de estar siendo escuchados por una persona detrás de la pantalla. Es otra manera de afectar a las relaciones interpersonales.

En otro tema, considero que sería importante revisar qué otros problemas se generan durante nuestro encierro en relación con el medio ambiente.  ¿Cuáles serían los daños ambientales que estamos ocasionando desde el encierro?  ¿Cuáles son las formas de contaminación a partir del uso de nuestros aparatos electrónicos, por ejemplo? Es mucha la energía ocupada. Es importante, también, hacernos conscientes del uso que le damos a nuestros recursos naturales, hay que considerar que, al haber menos gente en las calles, los índices de contaminación en cuerpos de agua como ríos, lagos y mares se redujo un poco. Eso debe decirnos algo. Por otro lado, hay que tener presente que, aunque no estamos causando daño en los lugares públicos, podríamos estarlos causando d desde nuestro hogar. Probablemente no lo vemos ahora, pero tarde o temprano lo notaremos.

Para que la situación mejore, pienso que lo principal es acatar las instrucciones y medidas necesarias para ponerle fin a esta pandemia. Es necesario salir del panorama actual y regresar a la vida “normal.” Considero que, en realidad, la normalidad ya no existirá, por un lado, porque saldremos con miedo, pero también porque habrá muchos retos que tendremos que resolver. Pero, si existe un cambio en la consciencia de las personas, o una intención de cambio, por lo menos, tenemos la posibilidad de mejorar. Tenemos que ser conscientes y responsables, de que lo que hacemos tiene un efecto en la vida colectiva.

Mi concepción de un mundo mejor es uno en el que todas las personas somos conscientes de lo que hacemos, en el sentido en que tenemos presente que todo acto tiene consecuencias. Conlleva muchas cosas como poner en práctica valores y buenos hábitos. Si somos conscientes, somos responsables y honestos, no sólo con nosotros mismos sino con los demás. Sobre todo, aprenderemos a respetar a todas las personas y podemos tener un mundo mejor para todos.

Por Estefanía Eridani García Olivares

Colaboradora del proyecto en Sierra Nevada, Puebla.

Puente Ciudadano

Nos encontramos frente a uno de los momentos más difíciles de la humanidad, sin duda la pandemia marcara un antes y un después en el mundo. Todo lo que pensábamos, planeábamos y soñábamos, no solo ha sido cuestionado, sino que, ha sido modificado en un abrir y cerrar de ojos. Sin avisarnos, la pandemia hace que nuestra vida tome un rumbo diferente, nos pone frente a una situación de crisis, la cual nos lleva a replantear nuestra vida, tomar decisiones que no solo nos afectan de manera personal, sino como sociedad.

Atravesamos por una cuarentena interminable, que nos ha llevado a un aislamiento total, a dejar de ver a quienes queremos, dejar trabajo, escuela, incluso la rutina del día a día. Hemos tomado medidas preventivas para poder detener la propagación del virus, la sana distancia se ha convertido en nuestra mejor arma de autocuidado, acompañada de cubre bocas y todo tipo de desinfectantes. Pero seguimos en el mundo de “Sálvese quien pueda”, sin poder ver un final claro.

Los más afectados han sido, el ámbito laboral y educativo, trayendo cambios que han generado una pérdida económica pero también un distanciamiento social que no permite una interacción significativa entre los seres humanos, fragmentando aún más las relaciones humanas, propiciando más violencia y menos paz.

Durante los últimos meses la situación del país y en específico la del Estado de Puebla, nos lleva a reflexionar y replantear los vínculos en la comunidad de San Buenaventura, Nealtican, una comunidad rural que ha enfrentado los retos de COVID-19, los cuales han cambiado la vida de sus habitantes. Una de las dificultades por las que atraviesa es que no cuenta con la información necesaria para visibilizar y entender la situación por la que el mundo atraviesa, lamentablemente existen muchas noticias falsas que desinforman y confunden a la población y no permite que las medidas preventivas se lleven a cabo.

Con todo esto, los más afectados han sido los jóvenes, provocando una gran deserción en el aspecto educativo, debido a que se encuentran en desventaja, pues no cuenta con los recursos necesarios para adoptar los nuevos métodos educativos, que se basan en el uso de la tecnología y las redes sociales como herramienta de estudio. Lo que los orilla a tomar un nuevo rol de vida; el del trabajo, esto para poder sobrevivir y ayudar a la economía familiar.

Esta contingencia nos ha enseñado que solos y de manera individual las sociedades, las comunidades y las personas no podremos avanzar. Las alternativas para trascender de este estremecido momento, pasan por el trabajo solidario, fraterno, incluyente y colectivo. La realidad  que vivimos es dura, pero sin duda en la comunidad existen jóvenes con ganas de salir adelante, de superarse y de hacer el cambio. Por ello es importante crear nuevas estrategias que integren a los sectores afectados, que les permitan iniciar con dinámicas de integración, para no sentirse alejados o desplazados por este gran cambio social.

Hoy más que nunca debemos promover la formación de seres solidarios, en donde la comprensión, la relación con el otro, la empatía, la comunicación asertiva, la contribución colectiva, la conciencia social y la colaboración sean parte fundamental de su desarrollo, para poder enfrentar los diferentes retos que el mundo les presente.

Finamente reflexionemos, no todo está perdido, la crisis en latín significa: cambio, decisión, ruptura y esté es, sin duda, un momento de cambios y decisiones, que permite que aquella idea de que ya todo está perdido, que nos llevan al fatalismo y a la inacción, se cambie por oportunidades para una acción transformadora en medio del desastre. Pensemos que tenemos la posibilidad de transitar por este mal momento y volverlo una oportunidad para construir un nuevo horizonte, una nueva alternativa y sobre todo una nueva mirada de esperanza.

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Texto colectivo Centro de Bienestar Social Xonaca, Puebla.

 

El Centro de Bienestar Social Xonaca es una iniciativa vecinal, que surge del esfuerzo colectivo y de la intención de generar espacios de articulación, apoyo y solidaridad, dentro del barrio de Xonaca en la ciudad de Puebla.

Xonaca es un barrio antiguo, cuya constitución estuvo relacionada a la edificación de la ciudad de Puebla de los Ángeles. Este barrio, albergó a los esclavos que durante la colonia fueron explotados para la construcción de la ciudad y el trabajo de las tierras de los españoles.

Desde su génesis, este barrio ha vivido diversos tipos de violencias, como la estructural, física y cultural. La estigmatización y discriminación han sido sus lastres históricos. Frente a esto, algunos de sus habitantes (niñas, niños, jóvenes, adultos y adultos mayores) desde sus trincheras, han centrado sus esfuerzos en la generación de proyectos que permitan la posibilidad de otras formas de ser y existir en el barrio, en el mundo.

El centro empezó con la rehabilitación de una casona antigua, que había estado en desuso por muchos años. A través de la organización vecinal, poco a poco ese inmueble ha ido cobrando vida. Hasta antes de la contingencia del COVID-19, se impartían alrededor de 27 talleres diversos, entre los que destacaban pintura, ajedrez, tejido, nutrición, matemáticas, inglés, globoflexia, amigurumi, huertos urbanos y muchos más.

Sin embargo, a partir de los cambios que se han presentado en el mundo en general y, en particular en la vida cotidiana de los habitantes del barrio de Xonaca a causa de la pandemia, el Centro de Bienestar Xonaca plantea un proyecto integral y transversal, que busca atender cuatro áreas que consideramos fundamentales reforzar, para reducir los impactos negativos del COVID-19 y el confinamiento. Estas son: apoyo a la educación formal, cuidado de la salud, arte y cultura para la paz y apoyo a la economía local.

En cuanto al rubro de la educación, consideramos que si bien, desde la Secretaría de Educación Pública se está haciendo un esfuerzo importante por continuar las clases de manera televisada, atisbamos y somos conscientes de los retos que esto representa. En este sentido planteamos un proyecto que facilite espacios para que las y los estudiantes puedan acercarse a él, con las medidas de sanidad necesarias, a resolver dudas o regularizarse con alguna materia que se les dificulte.

Por otro lado, uno de los aprendizajes más significativos que nos ha dejado esta contingencia, es el de la importancia del cuidado a la salud. Por esa razón, desde el Centro de Bienestar Social, estamos impulsando acciones que tienen un impacto directo a la salud de los vecinos, como lo es el cuidado de la alimentación y el monitoreo de presión alta y baja de los adultos mayores.

Si bien el arte y la cultura siempre han formado parte medular de nuestros intereses como colectivo, particularmente en estos tiempos donde el encierro, la ansiedad y muchas veces la violencia que se vive al interior de los hogares se hacen presentes en la vida de muchas personas, consideramos que el arte y la cultura juegan un papel importante en la construcción de paz.

Finalmente, si algo ha sido fuertemente golpeado con el aislamiento social y las medidas de reducción del espacio público, ha sido el bolsillo de las familias. Por esta razón, estamos muy interesados en emprender proyectos de economía social y solidaria que nos ayude a generar algún tipo de ayuda para las familias del barrio.

El reto que tenemos enfrente es grande, pues esto que vivimos hoy, marca un parteaguas en la vida de todo el mundo. La manera en que caminaremos de aquí en adelante será otra, muchas cosas de nuestra vida personal y social tendrán que reconfigurarse y readaptarse. Nos enfrentamos a una nueva era, que nos exige replantear los caminos andados hasta ahora. Aquí es donde cobra relevancia el trabajo colectivo, las economías solidarias, el respeto por el medioambiente y, en general, donde resulta fundamental construir bases sociales cimentadas en la empatía, respeto y amor.

¡Tenemos una invitación para ti!