Por Elio A. Villaseñor

Director de Puente Ciudadano, A.C.

El 12 de agosto se celebró el Día Internacional de la Juventud, declarado así por la ONU en 1999. El mundo de los jóvenes se encuentra en este momento de la humanidad con grandes interrogantes, una de las más importantes, implica preguntarnos, ¿qué tanto afectará la pandemia su futuro, que ya de por sí era incierto? Según datos de la ONU, el impacto del COVID-19 ha sido desproporcionado entre los trabajadores jóvenes, uno de cada seis está desempleado. La realidad que vive la población joven es problemática y, por otro lado, busca ser más creativa para poder generar nuevas oportunidades.

En la nueva realidad, los jóvenes tienen el reto de enfrentar el momento actual, el aquí y el ahora, y trazar una ruta de vida que los haga innovadores, pero con principios muy arraigados. Entre esos valores, la tolerancia y la solidaridad son especialmente necesarios en este mundo globalizado donde lo mejor de esta humanidad se manifiesta de manera contundente, pero también se propagan prácticas, (des)información y actitudes a velocidad vertiginosa que terminan deshumanizando a las personas.

Esta realidad puede parecer catastrófica para gran parte de los jóvenes, ya que se vislumbran muchas dificultades para que puedan continuar con sus estudios y para que puedan acceder a un trabajo digno. Sin embargo, el espíritu de la juventud seguro ha permitido que algunos de ellos construyan oportunidades evitando la parálisis que puede embargarlos a raíz de tanta incertidumbre. 

 

Durante la pandemia, la población joven está invitada a jugar un papel importante de manera que puedan contribuir a salvar vidas acatando y difundiendo las medidas sanitarias que permiten el control de los contagios mientras estos sigan en fase crítica. Pero más allá de la pandemia, están llamados a construir una civilización distinta donde predomine la igualdad de género, la lucha contra la emergencia climática y, en general, con el énfasis en lograr una mejor calidad de vida para todos y todas.

Los jóvenes sin duda van a seguir sorprendiéndonos como lo han hecho en distintos momentos históricos en México y en el mundo, con sus energías para enaltecer las grandes causas de la humanidad. La celebración del Día de la Juventud es una gran oportunidad para crear un ambiente de diálogo, escuchar las nuevas voces y permitir que marquen nuevos pasos en este devenir. 

Por Cristian Morales Trochez

Joven Promesa originario de Honduras

Ser joven es un una etapa muy bonita y muy especial, está llena vivencias, experiencias y aventuras. También es el tiempo en donde aprendes a reconocer cosas, a aceptarlas a pensar en cómo superar los conflictos que suceden y tienes toda la energía del mundo, la capacidad de vivir y hacer mucho. Puedes encontrar la manera de salir adelante con astucia e inteligencia, pero también se pasa por muchos altibajos que te sacan del rumbo. Es una etapa en la que aprendemos de lo que nos sucede, para hacerle frente a lo que viene adelante. De alguna manera, nos capacitamos para el futuro.

Estamos saliendo de la pubertad, por lo que a veces las emociones están descontroladas. A veces, el entendimiento con los papás no es de lo mejor, pero al final, maduramos, aprendemos a notar que no siempre tenemos la razón, que no es posible estar bien toda la vida. Esto nos ayuda a la superación de uno mismo. Por otro lado, vivimos experiencias muy bonitas, pues en el momento de la juventud es cuando tienes la capacidad de hacer lo que no podías cuando eras niño. También, nos hacemos conscientes del tema de la imagen personal, nos fijamos en la ropa que utilizamos, los accesorios, nos preocupa expresar nuestra personalidad.

En Honduras, de donde yo soy, la juventud se vive muy rápido, no hay mucho tiempo para que seas joven, es una etapa que pasa muy rápido hacia la adultez. Es una etapa más bien interrumpida pues, de la juventud, se pasa a una madurez extrema. Tienes que aprovechar el corto momento de ser joven y divertirte. Se vive muy rápido porque el país tiene muchos problemas sociales, se necesita trabajar para sacar adelante a la familia. Entre más ayudas allá en la casa será mejor, pues así la familia puede superarse más fácilmente. Al ser joven, no colaboras mucho, porque buscas divertirte, pero atrás siempre están los papás que dicen que tienes que crecer y ser un adulto, que tienes que pensar y hacer las cosas como un adulto para que cuando seas ya lo seas de verdad, puedas hacerlo sin problemas, puedas hacer las cosas del hogar, llevar el pan a la mesa, y llevar una relación seria. Se busca que los jóvenes sean más eficientes en el hogar, en el trabajo para hacerle frente a los problemas que tiene el país. Por eso, la juventud se acelera y casi pasa de inmediato a la adultez.

Por el contrario, en México, la etapa de la juventud se toma su tiempo, su proceso. Los jóvenes aquí hacen cosas de jóvenes, los niños hacen cosas de niños, y los adultos, hacen cosas de adultos, no hay etapas saltadas y apresuradas. Pienso que aquí se vive de manera más tranquila, se comprende que el joven debe aprovechar su etapa de vida. Los adultos aquí saben que esta etapa es muy importante para el desarrollo, por eso la respetan.

Hay muchas personas que dicen que el futuro está en los jóvenes, ya que los adultos ya están envejeciendo mientras que los jóvenes están en todo su potencial. Ellos piensan que los jóvenes van a ser el cambio en el futuro. Y, sí, los jóvenes tienen la capacidad y serán el cambio del futuro, podemos traer mejoría para el planeta y la población humana. Tenemos la capacidad de imaginar cosas positivas que puedan ayudar en la vida diaria y en el planeta.

En mi caso, pienso que estoy consciente de la contaminación a las que las personas abonan, por lo que procuro bajar mis niveles de desecho, así, contribuyo a cuidar el medio ambiente. También, he reflexionado mucho en alternativas para salvar el planeta, me preocupa que los humanos podamos destruirlo. Con mi estudio, en el futuro quisiera innovar con tecnología o herramientas que pudieran aliviar los problemas medioambientales y que mejoren la calidad de vida humana. Ese sería mi aporte al mundo.

Por Himmy Mejía Chic

Joven Promesa originario de Totonicapan, Guatemala

Ser joven es la etapa donde empiezas a tener sueños y a planear qué voy a querer en el futuro, ¿qué profesión voy a estudiar? Es la etapa en donde hay más oportunidad de ser libre. En esta etapa, aún no tenemos las responsabilidades que tienen nuestros papás. En comparación con mi papá, su responsabilidad es con su esposa y sus hijos, darles de comer, trabajar para darles educación. Yo aún no tengo esa responsabilidad, por eso, siento que tengo mayor libertad, aunque también tengo responsabilidades, por ejemplo, tener buenas notas en la escuela.

No todos los jóvenes son tan responsables en la escuela, pienso que, al sentirse respaldados por sus padres, no siempre pueden apreciar lo que tienen. Por ejemplo, aunque en la primaria yo no tenía notas altas, a partir de secundaria aprendí a apreciar el esfuerzo que hacía mi papá para que yo recibiera educación. Cuando terminé la secundaria, mi mamá enfermó y mi papá quedó muy endeudado con los gastos. Yo ya no pude seguir estudiando y tuve que ayudarlo en el trabajo por tres años. Trabajábamos en un almacén de conveniencia. Abrían a las 7:00 de la mañana y cerraban a las 8:00 de la noche, pero el trabajo no cumplía esos horarios, porque había que acomodar, limpiar y descargar, y si era una semana mayor, pues el trabajo se extendía por mucho más tiempo.  A veces no podíamos ni sentarnos, porque había que vigilar a la gente, estar atento a sus solicitudes. Esta experiencia me hizo reflexionar que trabajar es más complicado sin preparación.

Mi idioma materno es el Quiche, en Totonicapan, de donde yo soy, se habla el quiche y el español. Yo aprendí español a los 8, 9 años. Mi mamá sólo habla el quiche, y mi papá habla los dos, porque él trabaja en otro departamento en el que se habla español, y es necesario. En mi pueblo, los profesores, tienen que dominar los dos idiomas, nos enseñan primero en quiche y luego nos van enseñando Español. En mi caso, yo aprendí en el trabajo. Una vez fuimos mi papá y yo al sur, a la costa a vender.  Siempre recuerdo una anécdota. Cuando llegamos, mi papá me mandó a comprar un quetzal de tortillas, pero yo no sabía cómo pedirlo en español. Le pregunté a mi papá que me dijera cómo se pedía en español, y así pude comprar las tortillas, son las únicas palabras que utilicé. Sin embargo, contrario a lo que sucede en México con los hablantes de lenguas indígenas, yo no me sentí discriminado en Guatemala por hablarlo, allá habemos muchos hablantes bilingües, y quienes no hablan una lengua indígena sienten curiosidad, me preguntan palabras en mi idioma. Así fue como pude aprender el español, a partir de estas experiencias y a partir de la escuela.

Cuando pude entrar a la secundaria otra vez, lo aprecié mucho, porque mis papás no tienen muchos recursos, entonces, tenía que aprovechar la oportunidad, aunque sólo terminara la secundaria, con eso me conformaba, además, siempre me gustó mucho la escuela. Cuando mi hermano entró a la secundaria, le dije a mi papá que yo también quería estudiar. Él me dijo, “ahorita no, todavía no tenemos.” La condición fue que si ese año terminábamos de pagar la deuda, sí podría darme la oportunidad.

Yo quería estudiar música, no precisamente la secundaria. Cuando se pudo, fuimos a ver una academia de música, pero cuando supimos que había una escuela de Fe y Alegría en el pueblo, y que uno podía quedarse ahí como interno, y que, además no se pagaba más que la inscripción, mi papá me propuso que tomara esa oportunidad. Además, ahí había talleres de soldaduría, carpintería y otros oficios que podrías servirme en el futuro. Ahí fue cuando conocí Jóvenes Promesas y, pues me vine para acá. A mí me gustan mucho las artes, por eso, al venir acá, me decidí por la carrera técnica de “Alimentos y Bebidas,” porque en la cocina también hay arte. Aunque en el futuro, me gustaría estudiar Artes Plásticas.

Pienso que mi manera de vivir la juventud ha cambiado un poco; en el internado en Guatemala, no había tanta libertad de salir como aquí. Aquí voy al parque, a caminar, acompaño a mis tutores, a veces van a Jalapa. Ahora, estoy viviendo la etapa en la que decido qué persona voy a ser. Pienso que puedo cambiar al mundo siendo resiliente, aprovechando las oportunidades y trabajando en construir solidaridad. Los jóvenes sí podemos cambiar el mundo.

Por Ruth López

Joven venezolana viviendo en Lima, Perú

 

Migrar se convirtió en una opción en un país donde gobierna la corrupción, donde comer dos veces al día es un lujo, donde un adolescente se gradúa de bachillerato y ya está frustrado al darse cuenta que su país no le puede ofrecer el futuro que quiere y se merece. Cumplí 20 años y empecé a dejar de creer en un cambio, ya que el tiempo pasaba y mis sueños se estaban quedando a un lado. ¿Dónde estaba todo aquello que me propuse? ¿Podría lograrlo? Tuve que tomar una decisión y aceptar también que mi país no podía ofrecerme las herramientas necesarias para alcanzar mis metas.

Como primera opción a migrar estaba Perú ya que mi Padre era de nacionalidad peruana. A sus 18 años fue él quien migró a Venezuela, que el Perú para ese entonces pasaba por una situación similar a la que hoy en día se vive en Venezuela, solo que en el Perú no duró esto más de 5 años. Por eso me decidí por Perú. Quería conocer el país y las raíces de mi Padre, que también son mías y de las cuales me siento muy orgullosa. Llegó el día, nuestro autobús saldría a las 5:30 p.m., y digo “nuestro” porque saldría en compañía de una amiga, Yenifer. Su destino sería Quitó, Ecuador, es decir, de allí yo continuaría sin compañía.

La noche antes dormí con mamá. A decir verdad, no dormí nada. Me levanté muy temprano llena de temor. Mamá se levantó y comenzó hacer mi maleta mientras yo solo la miraba y me preguntaba, ¿cuándo volveré a verla? ¿Quién me levantará con ese olor a café por las mañanas? Luego mamá salió mientras yo recorría cada rincón de mí casa recordando momentos en Familia de los días anteriores. Yo solo quería llorar, pero no lo hice, no quería que mamá me viera débil. 

     

5:30 p.m. El autobús se retrasó. 45 minutos más tarde, de pronto, todos se abrazaban unos a otros. La despedida había llegado. Mamá me abrazó tan fuerte. Yo solo recuerdo escuchar llantos desgarradores de una madre abriendo paso a un hijo para que alcance todo aquello que un día soñó. Justo ahí me di cuenta que el amor de una madre no tiene límites. Al soltarme mamá me susurró al oído, “hija, cuídate mucho y no olvides que te amo.” Yo solo lloraba, no tenía palabras y el dolor qué sentía en mí era tan grande como cuando tuve que despedir a Papá por un asalto que le costó la vida. Subí al autobús y me dije, ya has tomado una decisión.

En Quito me despedí a Yenifer quién insistió que me quedara con ella, pero decidí continuar. Y es que en Lima, Perú, nadie me esperaba. Al llegar fue desesperante, era de noche y por un momento el miedo se apoderó de mí. Por suerte ya tenía una reserva donde pasaría una semana gracias a mi prima Kimberlin, migrante al igual que yo, pero ella se encuentra en México. Recuerdo llegar al hostal. Aún temblorosa tome una ducha mientras lloraba. En ese momento reaccioné y me di cuenta que estuve seis días viajando sin dormir, ducharme o comer bien, pero había llegado, estaba ahí, sana y a salva, dándome una ducha, la cuál sin duda alguna anhelaba. Luego de esto pude dormir y darle las gracias a Dios por estar ahí.

Hace dos años y cuatro meses me parecía injusto tener que separarme de mi familia y amigos, tener que meter mis 20 años de vida en una maleta. Mas hoy puedo decir que era necesario. Con el tiempo obtienes las respuestas a tus preguntas. Y, sí, claro que hay días en los que me atrapa la nostalgia. Extraño a mamá, extraño un abrazo, extraño el olor a café por las mañanas. Es fuerte solo verla tras una pantalla, pero incluso eso lo agradezco.

Volver a mí país, a los brazos de mi mamá es mi anhelo más grande. Es una de mis metas y lo voy a lograr, pero aún no es el momento. Necesito aprender más. Antes de volver debo cumplir una meta más, y esa es emprender, trabajar para mí. A futuro, quiero dedicarme a hacer lo que me gusta y que me traiga paz.

 

 

 

 

 

 

 

Por Aketzally Conde  Espinoza

Reportera de la revista Zazamitohac

¿Qué es ser joven? ¿Quién pone las pautas para definir quién sí lo es quién no? Desde lo que he aprendido a partir de las experiencias en mi barrio Xonaca, un barrio antiguo ubicado en la ciudad de Puebla, ser joven es búsqueda y a la vez encontrar, ese  horizonte hacia dónde queremos llegar. Es el momento en que empezamos a caminar con conciencia hacia ese lugar o persona que queremos llegara ser.

 

Las decisiones que tomamos en esta etapa de nuestras vidas, son determinantes para el rumbo que ésta seguirá y, esas decisiones a su vez están a travesadas por muchas condiciones de nuestro contexto que van variando de acuerdo a nuestra edad, nivel socioeconómico, género, o el lugar donde vivimos.  Por ejemplo, en México, a los principales retos que nos enfrentamos, es encontrar buenas ofertas u oportunidades de trabajo.

En el caso de Puebla, pienso que hay mucha desigualdad para acceder a una buena educación. Algo que ayudaría mucho sería que los jóvenes de menos recursos económicos pudieran acceder fácilmente a universidades para continuar con sus estudios a nivel licenciatura.

Siento que los jóvenes nos enfrentamos a una situación, en la cual la sociedad nos “ofrece” dos caminos; estudiar, pero no cualquier cosa, sino una “carrera bien”, una carrera que dentro de los estándares de la sociedad sea productiva. La otra opción es formar una familia, sobre todo si eres mujer.Siento que hace falta que se abran las ofertas y oportunidades para que los jóvenes podamos desarrollar otro tipo de capacidades, como las artísticas y culturales, que nos permitan tener otro tipo de experiencias.

 

Otro riesgo constante para nosotros a nivel nacional, es que estamos muy expuestos al fácil acceso para encontrarnos con las drogas, no sólo en Xonaca o Puebla, sino en todo México. Y no sólo eso, sino que cada vez más, se vuelve muy fácil involucrarte con el crimen organizado al mirarlo como una fuente de ingreso, cuando los jóvenes nos encontramos en una posición o lugar donde resulta muy difícil conseguir un empleo formal.

 

También el tema de la sexualidad es un aspecto importante, ya que el índice de enfermedades de transmisión sexual, es alto así como los embarazos a temprana edad. De la mano con esto, va la violencia de género, ya que como hemos visto, cada vez se incrementan más los feminicidios o la violencia hacia las mujeres. En definitiva, las mujeres y hombres no vivimos de la misma manera nuestra juventud. Por ejemplo, en la calle nosotras podemos ser acosadas en las vías públicas, en general en la calle y como se ha visto. Los hombres pueden sentirse con más seguridad porque saben que nadie los va a acosar o les va a hacer daño mientras caminan. Estos riesgos, no sólo se viven en la calle, sino en las mismas casas. Aquí también en este espacio más personal también se viven las diferencias, o donde se vive el machismo. Por ejemplo, los abuelos les enseñan a las mujeres que de ellas son las responsabilidades de la casa y que no está bien visto practicar ningún deporte ofensivo.

 

Por eso es importante generar espacios de convivencia que promuevan el respeto y empatía por las personas sin importar el género. Pienso que esa es una de las grandes cualidades del barrio, si bien hay muchas cosas por trabajar, uno de los valores principales que el barrio nos transmite a nosotros los jóvenes es el valor del compañerismo, la amistad, la solidaridad, la confianza entre los vecinos y ayudarse unos a otros. Me siento muy orgullosa de ser del barrio de Xonaca, porque a pesar de que este lugar a tenido mala fama, la realidad es que aquí se están desarrollando muchos proyectos como el de la revista, donde he aprendido fotografía o escribir;  el Callejón del Gañán o el Centro de Bienestar. No en todos los lugares se ofrecen y hay estos proyectos.

 

Como jóvenes podemos hacer muchísimas cosas y me gustaría invitarlos a que vengan y conozcan los proyectos que se tienen aquí en el barrio y que si pueden participar o hacer algo similar en donde ustedes viven, lo hagan. Creo que como jóvenes es lo mejor que podemos hacer para apoyar a nuestro barrio o comunidad, a tener mejores oportunidades de vida. 

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